miércoles, 11 de abril de 2018

Aquí tienes 10 razones por las que debes leer los libros de Outlander mientras ves la serie

Es una pregunta que me han hecho varias veces: ¿me loe los libros? ¿Merece la pena? Mi respuesta es siempre un rotundo SÍ. Podrán ser todo lo largos que tú quieras, algunos pueden tener algunas partes más o menos pesadas... pero para mi la respuesta siempre será sí.

Por eso, al encontrarme este artículo, en el que incluso enumera unos cuantos motivos, me he decidido a usarlo como base para explicarte por qué. Y tú, ¿te has leído los libros? ¿Tienes pensado leerlos? Mientras esperas a que llegue la cuarta temporada, es lo mejor que puedes hacer. ¡Créeme! (Y para que no te pierdas, aquí tienes un listado con el orden y dónde comprarlos)

- ORIGINAL SOURCE -   



La escenas amorosas y calientes son mucho más detalladas. 
Imagínate las escenas de la boda multiplicadas por 10. A Diana le encantan las descripciones, así que tu imaginación correrá salvaje. A pesar de las circunstancias, de la edad, de todo, te puedo asegurar que Claire y Jamie nunca pierden su chispa.

Más capítulos desde la perspectiva de Jamie.
En la serie, Jamie siempre va con el corazón a descubierto. Pero en los libros, no solo le conocemos mejor, si no que es bonito ver a Claire a través de sus ojos.

El regreso de personajes que te encanta odiar. 
En algunos libros, aprendemos más sobre personajes que han desaparecido, o que gracias a los viajes en el tiempo, vuelven a aparecer en determinados momentos... de esto es un gran ejemplo el libro 8, que te deja :O Y hasta aquí puedo decir.

Jamie y Claire no son la única historia de amor.
A estas alturas creo que ya lo tenemos claro: Fergus y Marsali, Bree y Roger... y alguna más por ahí. Aunque la de Fergus y Marsali se ve bastante por encima (en la serie me da que veremos algo más de detalle) Pero en los dos últimos libros... y un interesante trío... en fin, todo un universo de relaciones.

Todos los detalles históricos.
A pesar de que la gente se centra mucho en las historias de amor (sobre todo la de Jamie y Claire), para mi, la otra pata importante que lo sostiene todo es la historia. ¡Vas a aprender bastante! Ya que Diana no solo te relata los acontecimientos de la época, sino que incluye personajes históricos reales, como ya hiciera con el Bonnie Prince Charlie.

Habrá 10 libros. 
Es decir, que si te gusta leer, ya tienes entretenimiento. El noveno libro se publicará, con un poco de suerte, en el año 2019. Y según Diana Gabaldon, habrá 10. Y pensar que en principio, como mucho, pensaba que serían tres...

Claire y Jamie son felices... a ratos. 
Es decir, una vez que llegan a las Américas y por fin se asientan, aunque por fin les vemos hacer vida de casados y son un matrimonio estable, por supuesto que no dejan de tener problemas. De lo contrario, la historia estaría estancada. Aún les pasan muchas cosas, pero para mi, lo bonito, es ver cómo todo lo van superando.

Se exploran los misterios de los viajes en el tiempo. 
Los libros no ignoran el hecho de que Claire (y algunos amigos / enemigos que se ha encontrado por el camino) también son viajeros en el tiempo, y Diana Gabaldon se refiere a las posibles razones de por qué y cómo viajan estas personas. A los amantes de la ciencia ficción, estos detalles les encantarán. Y aún en el libro 8, no creo que lo sepamos todo sobre el tema...

Te vas a empezar a preguntar: ¿con qué será lo próximo que me sorprenda Diana?
Desde las Tierras Altas de Escocia hasta las cortes de París, los mares rocosos del Caribe y el territorio inexplorado de los EE.UU... Gabaldon ha llevado a los lectores en un viaje literalmente a través del tiempo y el espacio. Pero no solo eso. El giro que da a muchos de los personajes, a las situaciones, las veces que las cosas no son lo que parecen, que alguien hace algo inesperado... te mantiene en el borde de tu asiento, te lo aseguro.

Jamie Fraser. 
Nunca se puede tener demasiado de un hombre perfecto como es Jamie. El Jamie de los libros es tan leal, ferozmente cariñoso, testarudo y generoso como lo es en televisión. ¿Por qué conformarse con un único Jamie Fraser cuando puede tener dos? El personaje está mucho más desarrollado, y como él, todos los demás, por supuesto. Pero Jamie es Jamie <3

Para que veáis de qué hablo, s dejo un par de fragmentos del primer libro, que así no hago ya spoilers a nadie. Y de esta manera podéis comparar con lo que ya conocéis, frente a lo que os podéis estar perdiendo si no seguís mi consejo ;)



Jamie y Claire en el viaje tras la boda: 

Me dolían los dedos, tal era mi ansia de trazar el contorno de la oreja pequeña y el ángulo brusco de la mandíbula. Bueno, pensé, lo hecho, hecho está. Cohibirse ya no tenía sentido. Nada de lo que hiciera ahora empeoraría las cosas, para ninguno de los dos. Extendí la mano y lo toqué. Tenía el sueño muy ligero. Con una velocidad que me sobresaltó, se volvió bocaarriba y se apoyó en los codos como para levantarse de un salto. Al verme, se relajó y sonrió.
—Estoy en inferioridad de condiciones, señora.
Hizo una reverencia bastante bien lograda para un hombre acostado sobre un montón de helechos, sin nada que lo cubriera excepto alguna sombra. Reí. La sonrisa de él persistió pero cambió al contemplarme, desnuda en los helechos. Su voz enronqueció de repente. 
—De hecho, señora, estoy a vuestra merced. 
—¿De veras? —aventuré en voz baja.
No se movió. Volví a estirar mi mano y la apoyé en su mejilla para después deslizaría hacia abajo por el cuello, la inclinación brillante del hombro y más abajo aún. Inmóvil, Jamie cerró los ojos. 
—Santo cielo —musitó. Contuvo el aliento con fuerza. 
—No te preocupes —dije—, no tiene que ser brusco. 
—Gracias al cielo.
—Quédate quieto.
Hundió los dedos en la tierra blanda pero obedeció. 
—Por favor —suplicó al rato. Levanté la vista. Tenía los ojos abiertos. 
—No —respondí, divertida. Volvió a cerrar los ojos. 
—Pagarás por esto —me amenazó unos minutos después. Una gota de sudor resplandecía en el caballete recto de su nariz. 
—¿En serio? ¿qué harás?
Los tendones sobresalieron en los antebrazos cuando presionó las palmas contra la tierra. Habló con esfuerzo, como si apretara los dientes. 
—No lo sé, ¡pero... por todos los santos... ya... ya se me ocu-currirá algo! ¡cielos! ¡por favor! 
—De acuerdo —concedí. 
Le solté y grité cuando rodó sobre mí, atenazándome contra los helechos. 
—Tu turno —declaró con considerable satisfacción.
Regresamos a la posada al atardecer. 



En la abadía, Jamie relata a Claire lo que pasó en aquella fatídica noche con Randall:

—Sí, mejor así. Divagaba, medio inconsciente, así que no sé cuánto tiempo permanecimos allí, pero me desperté y lo encontré ciñéndome con fuerza. —vaciló, como si el resto fuera difícil de relatar. — Hasta ese momento, no me había resistido. pero estaba tan agotado que pensé que no podría soportarlo otra vez... de todas formas, traté de apartarme deliberarme, sin pelear, sólo apartándome. Pero Randall tenía los brazos alrededor de mi cuello y me acercaba a él. Ocultó el rostro en mi hombro y advertí que lloraba. Durante un rato no entendí lo que musitaba. Me di cuenta que decía: "te amo, te amo", una y otra vez. Sus lágrimas y saliva me corrían por el pecho. 
Se estremeció por el frío o por el recuerdo. Exhaló con profundidad y arremolinó la nube de humo aromático que bailaba cerca del techo. 
—No sé por qué lo hice, pero lo abracé y nos quedamos quietos un momento. Por fin, dejó de llorar, me besó y me acarició y susurró: "dime que me amas." —hizo una pausa en el relato y esbozó una tenue sonrisa. —No quise hacerlo, no sé por qué. En ese instante, le habría lamido las botas y lo habría llamado rey de Escocia si me lo hubiera pedido, pero no quería decirle eso. Ni siquiera recuerdo haberlo pensado. Simplemente, no quería. —sonrió y la mano sana se crispó y aferró la manta. —Volvió a abusar de mí... con violencia. y mientras, repetía: "dime que me amas, Alex. Dime que me amas." 
—¿Te llamó Alex? —lo interrumpí sin poder contenerme. 
—Sí. Recuerdo que me pregunté cómo sabría mi segundo nombre. No se me ocurrió pensar por qué lo usaría, aunque lo supiera. 
Se encogió de hombros. 
—De todos modos, no me moví ni dije una palabra. Cuando terminó, saltó como si se hubiera vuelto loco y comenzó a golpearme con algo. No pude ver qué era. Me insultaba y me gritaba: «¡tú sabes que me amas! ¡dímelo! ¡sé que es cierto!». Levanté los brazos para protegerme la cabeza y después de unos minutos, debí de desmayarme porque el dolor en los hombros es lo último que recuerdo, excepto una especie de sueño con vacas que mugían. Desperté saltando panza abajo en un caballo y después no sentí nada hasta que recobré el sentido junto a la chimenea, y te vi mirándome.
Cerró los ojos otra vez. Su voz era lánguida, casi despreocupada. 
—Creo... que si le hubiera dicho eso... me habría matado. 
(...)
—¿Sassenach? 
—¿Sí? 
—¿Recuerdas el fuerte del que te hablé, el que hay dentro de mí? 
—Sí, lo recuerdo.
Sonrió sin abrir los ojos y extendió una mano en mi dirección. 
—Bueno, ya tiene cobertizo, al menos. Y un techo para que no entre la lluvia.


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